HOGARES MONOPARENTALES ENCABEZADOS POR MUJERES

 

 ORIGEN DEL CONCEPTO DE MONOPARENTALIDAD

 

A pesar de lo relativamente nuevo del término siempre existieron las situaciones que hoy se engloban en la monoparentalidad pero a menudo tenía consideraciones sociales casi opuestas. Existía una barrera moral entre viudas y madres solteras que ocultaban sus rasgos comunes. Las madres solteras, lejos del velo de feminidad casta, estaba unida al desorden, al descontrol, casi a la prostitución y tenían un cierto rechazo de la sociedad recibiendo la denominación de familias rotas, problemáticas, incompletas y se considera una amenaza para la institución familiar y es que las familias consideradas “normales” eran las compuestas por un padre, una madre y sus hijos

 

El término monoparentalidad integra situaciones muy diferentes a los que les une el factor común de la carga de los hijos asumidas por un solo progenitor, por tanto une situaciones sociales viejas (viudas, madres solteras) y nuevas (separaciones, divorcios) a la vez que aparece como reivindicación de la legitimidad de una pluralidad de formas familiares y como expresión de vulnerabilidad de aquellas en la que falta uno de los progenitores.

 

Así pues, el estudio de la monoparentalidad, comienza con una clara valoración moral negativa de la que poco a poco a partir de la década de los 70 se va desprendiendo y reivindica la aceptación social de otras formas de familia. El término que ha acabado por imponerse es una no demasiado buena traducción del “lone parents families” que se impuso en los países anglosajones. Del carácter negativo atribuido a estas familias se ha pasado a otros planteamientos en los que ésta son declarados tan normales como las familias nucleares e incluso a veces más modernas. Demanda el término pues, entre otras cosas, la normalidad de las familias no basadas en la conyugalidad e incluso de aquellas cuyo origen está en el rechazo de la biparentalidad (aquellas personas, mujeres generalmente que desean tener hijos en soledad, sin una pareja), aunque el auge del concepto tiene que ver como factor de riesgo de pobreza, de exclusión social, y en especial, de riesgo para los hijos.

 

Para explicar este cambio de esta forma, la pareja cuya unidad se basaba en la fusión de sus miembros a partir de su complementaridad está dando paso a un nuevo modelo en el que tanto hombres como mujeres, pero sobre todo estas últimas, no renuncian fácilmente a sus derechos como personas, mantienen una cierta reserva frente al compañero y anteponen su autorrealización a otras consideraciones de índole social y económica

 

LLuís Flaquer habla en su análisis sociológico de las familias de hecho en España de la segunda transición familiar.

Se trata, según éste, de una pareja en la que sus miembros exhiben unos perfiles mucho más individualistas que en el pasado, una pareja que compendia en su seno los valores de los años sesenta y ochenta.

 

Representa, finalmente, el reconocimiento de la separación entre la Iglesia

y el Estado. Al desaparecer la religión oficial, las manifestaciones de culto dejan de formar parte de la esfera pública y en el mejor casos pasan a revestir un aspecto puramente simbólico

 

Así, se establece una especie de sintonía entre los fenómenos religiosos y los familiares, pues a medida que el Estado ya no necesita de la Iglesia para su legitimación, tiende también al relegar a segundo término a la familia como unidad básica de la sociedad civil, al poder establecer contacto directo con los individuos ciudadanos y rescindir de los cabezas de familia como intermediarios

 

Cuando el matrimonio eclesiástico era lo que primaba, estaba muy claro lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero cuando se empieza a aceptar la posibilidad de opción entre matrimonio religioso y civil, el monopolio de la verdad se diluye y tanto da celebrar los esponsales en la iglesia, en el juzgado o en la intimidad del lecho nupcial

 

Por tanto, no debiera sorprendernos mucho que hoy sean las clases más acomodadas y que gozan de un nivel cultural más alto las que estén arrinconando la respetabilidad burguesa y rompan una lanza en favor de formas de matrimonio poco convencionales. A mayor individualismo, mayor probabilidad de que los que inician su convivencia marital sellen un pacto por el cual se dé origen a una especie de forma contemporánea del matrimonio de razón de antaño. En este contrato realmente privado puesto que su vigencia queda sujeta a la voluntad unilateral de las partes, las situaciones de derecho y de hecho tienden a diluir su sentido y los vocablos legitimo o ilegitimo tienden a desaparecer de sus cláusulas

 

Varias razones explican la feminización de las familias monoparentales. En primer lugar la esperanza de vida de las mujeres sigue siendo superior, que hace que haya más viudas que viudos con cargas familiares, al menos temporalmente. Otra razón es la mayor cantidad de mujeres que se quedan al cuidado de los miembros dependientes de la familia tras un proceso de separación y por último, los varones, cuando se quedan solos presentan una tendencia mayor a establecer una nueva convivencia, lo que contribuye a reducir el número de familias monoparentales encabezadas por un varón.

 

Algunas investigaciones han comprobado que mucha población ha experimentado en algún momento, como padre o bien como hijo una situación de monoparentalidad durante algún tiempo, pero la gran mayoría lo ha hecho durante un periodo de tiempo corto y solo uno de cada diez, ha vivido toda su infancia solamente con su madre

 

¿CUÁNTAS FAMILIAS MONOPARENTALES?

 

En España el criterio actual que se toma en cuenta para considerar un hogar monoparental es el estado civil de los hijos, aunque en las encuestas del INE anteriores (Instituto Nacional de Estadística) indican la monoparentalidad, tanto en 1991 como en 2001, tanto de hombres como mujeres con hijos menores de 15 años

 

Para incluir únicamente los hijos dependientes, lo más frecuente es definir una edad por debajo de la cual se consideran que todos lo son. En la mayoría de los países esta edad se sitúa en los 18 años, pero en Francia es diferente, donde se considera a efectos censales que hasta los 25 años los hijos están a cargo de los padres.

El mayor problema de los Censos de Población es que no se ajustan a la definición más aceptada de familia monoparental, ya que incluyen a todos los hijos solteros que conviven en el núcleo familiar tanto si son dependientes o no, o si los que son dependientes son el padre o la madre y es que la convivencia de los hijos con el padre o la madre bien puede encubrir una situación de dependencia inversa, máxime si los hijos son mayores.

 

 

Al ir a realizar la estadística, me encuentro con el problema de la toma de datos en el censo del INE. En 1991 y 2011 la muestra que se recoge es de una mujer con 1 o más hijos menores de 15 años. Sin embargo, en el censo del 2011 como vemos en la tabla siguiente, no distingue entre hogares monoparentales encabezados por padres o madres y sí que recoge datos de menores por encima de 15 años. De hecho recoge los hogares monoparentales con hijos menores de 25 años y los mayores de 25 años, que en su conjunto, alcanzarían la cifra de 9,33% de la población total

 

 

Estructura del hogar Número de Hogares
Total 18.083.690
Hogar con una mujer sola menor de 65 años 1.054.515
Hogar con un hombre solo menor de 65 años 1.429.620
Hogar con una mujer sola de 65 años o más 1.279.485
Hogar con un hombre solo de 65 años o más 429.700
Hogar con padre o madre que convive con algún hijo menor de 25 años 873.995
Hogar con padre o madre que convive con todos sus hijos de 25 años o más 819.265
Hogar formado por pareja sin hijos 3.804.675
Hogar formado por pareja con hijos en donde algún hijo es menor de 25 años 5.114.365
Hogar formado por pareja con hijos en donde todos los hijos de 25 años o más 1.207.560
Hogar formado por pareja o padre/madre que convive con algún hijo menor de 25 años y otra(s) persona(s) 894.955
Otro tipo de hogar 1.175.560

 

Si difícil se hace comparar los datos con años anteriores más si cabe es compararlo con otros países, tanto por la diversidad de las definiciones en las que se refiere a un hijo menor como a la definición de pareja en sí.

 

Sobre la distribución de los núcleos monoparentales, en 1991 podíamos ver la siguiente tabla de la que podemos extraer que el mayor número de hogares monoparentales provienen de familias separadas.

 

 

 

 

 

La mayoría (52,7%) de los hogares monoparentales la forman personas separadas o divorciadas (incluyendo parejas de hecho) el 52,1% de las madres y el 56% de los padres sin pareja están en esa situación. Los viudos representan el 27,6 % del conjunto de monoparentales, siendo mayor la proporción de hombres. La proporción de solteros, que no llega al 100% de los hogares monoparentales alcanza entre las madres el doble del de los padres (21,3 y 10,9% respectívamente)

 

Lo que es claro que hoy día el núcleo monoparental es casi siempre el resultado de la ruptura de una unión anterior, bien por la muerte de algún cónyuge, o por separación o divorcio. Sólo entre los solteros con hijos, la monoparentalidad podría reflejar una opción de vida, aunque en la práctica estos solteros existen muchos casos de concepciones prematrimoniales, en muchos casos de adolescentes o bien es el resultado de la ruptura de una pareja de hecho.

 

Para conocer la incidencia real de la monoparentalidad en España se han realizado muchas encuestas sin que haya una respuesta definitiva

Hemos hablado de la heterogeneidad que caracteriza a las familias monoparentales, que se reflejan en las diferentes circunstancias que pueden originar su formación. La mayoría de los hogares son frecuentemente procedentes de una ruptura anterior, y las implicaciones sociales, emocionales y económicas de la ruptura no sólo refieren a los miembros de la pareja: se extiende también a los hijos.

 

Aunque en menor porcentaje, la viudedad es otra de las formas en las que se puede ver rota la pareja, confluyendo el dolor por la pérdida del ser querido con la preocupación por el futuro de la familia. Aquí los miembros de la familia viven un duelo, periodo mediante el cual van asumiendo la pérdida de ese ser querido.

 

También, como se habló anteriormente, puede constituirse la familia en ausencia de una unión anterior. Madres solteras que asumen la maternidad en solitario bien porque el padre no asume su paternidad, no solo de manera biológica, sino social, cuidando al hijo. También una madre soltera ha podido vivir sin casarse con el padre de su prole y haber sido abandonada por éste o por el contrario puede haberle dejado ella por motivos muy diversos.

 

La emigración es otra causa de monoparentalidad. Algunas mujeres llegan al país embarazadas y dan a luz aquí, dejando en su país de origen al padre. La creciente presencia de personas procedentes de otros países en la sociedad puede describirse como un fenómeno emergente.

El maltrato, el abandono y la emigración son algunas circunstancias que subyacen a las diversas situaciones de monoparentalidad. La violencia doméstica es una de las causas que destaca como motivo de la ruptura de pareja.

 

El caso de las monoparentales solteras es muy distinto, en ellas se mezclan los embarazos no deseados de adolescentes, las concepciones pre-nupciales y la maternidad que algunas mujeres deciden asumir voluntariamente al margen de la vida en pareja. Este último caso no es el más frecuente y los demás constituyen con frecuencia etapas transitorias en las vidas de las mujeres afectadas, que acaban en su mayoría viviendo en pareja.

Ser madre soltera sigue siendo mucho más frecuente entre las mujeres con menor nivel educativo

 

AUTONOMÍA O DEPENDENCIA DE LOS HOGARES MONOPARENTALES

 

La importancia de las mujeres como cabezas de familia nos plantea un problema. La situación económica: sus fuentes de ingresos y sus niveles de bienestar.

 

He sacado un informe del Censo 2011 donde indica el porcentaje de personas en hogares monoparentales que trabajan y el que está desempleada (anexo I), pero tampoco sirve mucho como indicativo de referencia, ya que no distingue entre hogares monoparentales encabezados por mujeres y los que están encabezados por hombres.

 

 

 

Sí podemos trabajar con la encuesta de Pobreza y Desigualdades realizadas por el Gobierno Vasco en 2004, donde destaca que las personas que las personas más afectadas por la pobreza, son las que viven en hogares monoparentales. Las mujeres menores de 35 años, las que no tienen estudios, y las que han emigrado desde países no pertenecientes a la Unión Europea. Destaca que las tasas de pobreza de los hogares monoparentales son entre cuatro y cinco veces superior al de los hogares biparentales.

 

 

 

Ese mismo estudio indica que la tasa de pobreza de las personas solas es de un 12,6%, la de los hogares monoparentales es del 19,2% frente al 3% de los hogares biparentales.

 

Por otro lado, el nivel de estudios marca también una diferencia

Tipo de estudios completados de la persona de referencia TOTAL Derecho Magisterio, Educación infantil… Ciencias Sociales Artes y Humanidades Informática Ingenierías Formación Técnica e Industrias Ciencias Arquitectura o Construcción Agricultura, Ganadería, Pesca; Veterinaria Salud, Servicios Sociales Otros Servicios No es aplicable
Estructura del hogar
TOTAL 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00% 100,00%
Una mujer adulta con uno o más menores 1,56% 2,14% 2,85% 2,89% 2,84% 2,05% 0,43% 0,79% 1,87% 0,93% 1,27% 3,62% 3,35% 1,35%

He sacado una muestra de 2011 con relación a los estudios concluídos del cabeza de familia, pero no nos sirve de mucha ayuda, ya que el Instituto Nacional de Estadística no hace distinciones aquí entre familias monoparentales encabezadas por un hombre o una mujer.

Nº de parados o inactivos del hogar Total Ninguno 1 miembro 2 miembros 3 o más miembros
Estructura del hogar % respecto de la fila % respecto de la fila % respecto de la fila % respecto de la fila % respecto de la fila
Total 100,00% 49,89% 30,58% 13,97% 5,56%
Hogar con una mujer sola menor de 65 años 100,00% 64,47% 35,53% 0 0
Hogar con un hombre solo menor de 65 años 100,00% 67,41% 32,59% 0 0
Hogar con una mujer sola de 65 años o más 100,00% 100,00% 0 0 0
Hogar con un hombre solo de 65 años o más 100,00% 100,00% 0 0 0
Hogar con padre o madre que convive con algún hijo menor de 25 años 100,00% 36,76% 39,03% 18,81% 5,40%
Hogar con padre o madre que convive con todos sus hijos de 25 años o más 100,00% 42,61% 43,90% 11,92% 1,57%
Hogar formado por pareja sin hijos 100,00% 63,28% 26,62% 10,10% 0
Hogar formado por pareja con hijos en donde algún hijo es menor de 25 años 100,00% 31,94% 35,73% 21,96% 10,37%
Hogar formado por pareja con hijos en donde todos los hijos de 25 años o más 100,00% 29,01% 38,42% 22,73% 9,84%
Hogar formado por pareja o padre/madre que convive con algún hijo menor de 25 años y otra(s) persona(s) 100,00% 18,05% 31,31% 27,56% 23,08%
Otro tipo de hogar 100,00% 37,88% 34,42% 20,12% 7,58%

 

El nivel de estudios alcanzados puede considerarse desde dos puntos de vista:

  • Un recurso que condiciona el acceso de las mujeres al mercado laboral
  • Indicador de nivel social (sobre todo si se controlan las diferencias según la edad)

 

El 59% del total de las madres con algún hijo menor a su cargo tiene estudios primarios. El 34% ha cursado estudios secundarios y sólo el 7,3% ha cursado estudios superiores. Si hablamos de las madres monoparentales, el 37,6 ha cursado estudios secundarios y las que han completado estudios superiores se sitúa en un 8,5 % (cuatro puntos por encima de la media)

 

Las madres monoparentales están, por su mayor nivel educativo, en mejores condiciones que el resto de parejas para acceder al mercado de trabajo. Desde este punto de vista se puede afirmar que el fenómeno de la monoparentalidad no está ligado, por tanto, a un menor estatus social. No constituyen siquiera un grupo especialmente desfavorecido, puesto que su nivel de estudios es superior proporcionalmente al de las madres con pareja. La situación económica de las madres no es, por tanto una consecuencia del escaso bagaje de ellas, sino que viene determinada por lo específico de su condición de mujeres sin pareja y con carga de hijos.

 

Sí se observa, en cambio,  que la proporción de mujeres que vive en pareja es sistemáticamente más elevada en el caso de las que tienen menor nivel de estudios.

 

Para ayudarme en este ensayo he extraído las tablas censales de hogares monoparentales de mujeres trabajadoras y el tipo de remuneración que reciben por ese trabajo (anexo I)

 

Y es que las familias monoparentales encabezadas por una mujer no solo presentan ingresos más bajos que las compuestas por la pareja sino que también presentan ingresos inferiores a las familias monoparentales encabezadas por un varón. De los ingresos que pueden recibir estas familias monoparentales, ingresos remunerados, pensiones alimenticias (o compensatorias) y subsidios públicos, son precisamente los resultantes de la actividad remunerada los señalados por prácticamente todos los estudios, como principal fuente familiar.

 

La actividad laboral es por tanto, tanto para los padres como para las madres, una de las vías más importantes para salir de la pobreza.

 

Las mujeres que carecen de pareja, con o sin hijos tienen tasas de actividad por encima de las otras a todas las edades. Es imposible, con los datos disponibles, aislar en esta correlación el papel de la aportación económica de la pareja, ya que a la vez, las mujeres que carecen de ella están a la vez mejor cualificadas y más orientadas al trabajo. Su comportamiento se asemeja al del hombre y obedecen a lo que podríamos denominar la lógica de la necesidad frente a lo que sería la lógica de la elección que puede tener la mujer con pareja.

 

Muchas mujeres abandonan su actividad productiva con la llegada de los hijos para centrarse, al menos temporalmente en las tareas reproductivas, con la dificultad posterior para reincorporarse, debido al menor reciclaje profesional, a la reducción de las redes sociales vinculadas al trabajo, etc. Por tanto resultan más dependientes del varón. Esto se hace especialmente duro en los momentos de las rupturas conyugales y la creación del núcleo monoparental. Si a esto, añadimos escasas pensiones alimenticias y reducido alcance de las políticas sociales, podremos comprender el proceso de empobrecimiento que reflejan las estadísticas y que no solo alcanzan a muchas mujeres que encabezan familias monoparentales, sino a las personas menores dependientes de ellas.

 

En Europa, igual que en el Estado Español, la tasa de actividad entre mujeres de hogares monoparentales es mayor que la de las mujeres en general, pero también son mayores las tasas de desempleo y el menor nivel de ingresos, sin duda debido al desigual reparto de los recursos a través del empleo, que las ubica en las condiciones más desfavorables del trabajo. Y es que, aunque las mujeres presentan tasas de actividad cada vez más elevadas, por su creciente incorporación a la esfera productiva, se ve ensombrecida por su mayor presencia en los ámbitos de la estructura laboral receptores de los salarios más bajos, con peores contratos, menores posibilidades de ascenso, peores condiciones salariales, y menores status.

 

También la discriminación de la mujer en el mercado de trabajo se extiende a los regímenes de la seguridad social y de los subsidios sociales. Por ello se deduce que el desempleo es la principal causa de la pobreza, pero el empleo no es una garantía contra ella, ya que difícilmente saldrán de los empleos peor remunerados y menos cualificados.

 

En este sentido, las ayudas económicas jugarán un papel muy importante a la hora de aliviar penurias de muchas familias monoparentales, aunque en muchos casos, ni con ellas se consigue superar esta situación de precariedad económica.

 

Si para las mujeres que encabezan las familias monoparentales, son importantes las cuestiones económicas, más parecen serlo los dominios personales (vida familiar, control sobre su propia vida…) y por ello, cuando muchas de estas personas tienen problema para conciliar vida familiar y profesional, en sus opciones a primar el cuidado de sus hijos, especialmente si todavía son muy jóvenes o si no cuentan con una red social de apoyo (familia, amistades, vecindario, etc) y es que estas mujeres llegan a valorar la cuantía que recibirían por el desempeño de su actividad, que en muchos casos supondrá la supresión de ayudas familiares, sino también la disponibilidad de servicios para el cuidado de la prole y el coste de los mismos, especialmente si únicamente tienen acceso a empleos de baja remuneración.

 

No se debe olvidar que el empleo no solo proporciona recursos económicos sino autoestima e identidad social por lo que es preciso emprender mejoras en las medidas de conciliación familiar y laboral, como una mayor oferta de servicios de cuidado, mayor seguimiento del cumplimiento de las labores de los padres, y una ampliación de los empleos a tiempo parcial, que contribuiría a favorecer la inserción laboral de estas mujeres. Tener en cuenta no sólo políticas de empleo, sino programas que mejoren sus expectativas, que hagan más atractivo el trabajo remunerado y que faciliten su compatibilidad con las responsabilidades familiares, aspectos que se podrían abordar a través de políticas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

 

También encontramos una falta de correspondencia entre la cualificación de algunas mujeres y los puestos de trabajo que desempeñan. Mujeres con formación universitaria desempeñan trabajos en el servicio doméstico. Muchas de ellas son inmigrantes y desempeñaban trabajos cualificados en sus países de procedencia hasta que llegó la crisis que motivó la migración. En nuestra sociedad, los puestos que ocupan estas mujeres no se adaptan a su formación académica sino a los puestos laborales que la sociedad de acogida reserva para la población extranjera y por tanto viven un proceso de descualificación profesional

 

En el conjunto de madres con hijos menores de 18 años la tasa de paro es tres veces más elevada entre las que sólo tienen estudios primarios que entre las que tienen estudios superiores (29,6 y 11,4 respectívamente). El paro es algo mayor entre las madres monoparentales a todas las edades pero entre éstas hay también muchas diferencias. El paro de las de menor nivel de estudios es de 42,4% si son solteras con hijos y del 20,8 si son viudas. El paro de las madres solteras con niveles de estudios superiores es del 17,2%, casi del mismo nivel que el de las viudas con estudios primarios.

Aquí podemos ver cómo va desde el máximo de las madres solteras con estudios primarios al mínimo de las viudas con estudios superiores

La autonomía de las familias es mayor cuando proviene de una unión anterior: las viudas (76%) y separadas (64%) mientras que una minoría son de madres solteras.

La importancia de la edad hace que las diferencias de estructura repercutan fuertemente sobre datos globales, ya que las solteras más jóvenes, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de encontrarse en el hogar paterno, por el simple hecho de ser jóvenes. En particular, las solteras siguen siendo las que menos viven solas, aunque la proporción se acerque a la media

 

Los núcleos que forman hogar con otras personas se encuentran en principio en mejores condiciones para afrontar problemas de compatibilidad de trabajo con niños. Casi el 30% de las familias monoparentales viven con su propia madre y el porcentaje alcanza el doble si hablamos de mujeres solteras, aunque no siempre viven con ellas, frecuentemente viven cerca de sus hijos. Esta situación tiene ventajas de cara a la compatibilidad trabajo-cuidado de los hijos pero genera una serie de inconvenientes ligados a la convivencia, a veces impuesta por las circunstancias.

 

Los aspectos que las mujeres desearían cambiar están relacionados con el bienestar de la prole y el deseo de una nueva pareja. El deseo aparece ligado al miedo frente al papel que desempeñaría la nueva persona en la relación con la familia, aliviando la carga que supone la educación y la manutención de la prole

Las dificultades para la conciliación repercuten en el ámbito laboral. En este sentido, la responsabilidad en el cuidado de la prole puede dificultar la consecución de un empleo y la edad de los hijos es un factor que también influye en este sentido.

La responsabilidad en la crianza actúa como condicionante en la elección de empleo con condiciones ventajosas frente a las conciliadoras.

El apoyo familiar es prestado normalmente por los abuelos cuyo papel en el cuidado de los nietos permite el trabajo remunerado de alguna de ellas.

Las instituciones escolares también favorecen la conciliación entre el trabajo reproductivo y el productivo. El comedor escolar, el aula matinal, las extraescolares, le permiten dedicar más tiempo para el empleo

 

DESEOS DE CAMBIO        

Deseos que no reflejan una situación individual sino que debe incumbir al resto de la sociedad:

La estabilidad en el empleo es uno de los aspectos más señalados en la entrevista realizada por Trinidad L. Vicente Torrado y Raquel Royo Prieto para la Universisdad de Deusto (Mujeres al frente de familias monoparentales) , por las implicaciones que la estabilidad laboral presenta en el desarrollo vital.

Un trabajo con Seguridad Social es otro de los deseos por su preocupación por la jubilación

El último deseo es que las instituciones públicas les ayude a la búsqueda de empleo y conciliación

 

CONCLUSION

 

Aunque lo que hoy llamamos familias monoparentales ha existido siempre, incluso con una incidencia mayor en el siglo anterior, la situación actual presenta rasgos específicos. En nuestros días, la mayoría de los hogares monoparentales la forman los separados y divorciados, mientras que anteriormente lo formaban las viudas.

También se ha producido un cambio importante en la percepción social, que antes separaba a las viudas, tratadas con respeto, de las madres solteras que eran objeto de rechazo.

 

Esto ha desplazado el interés hacia el problema que plantea la carga de los hijos menores no compartida con una pareja. Preocupa la mayor vulnerabilidad social de este tipo de familias, en concreto de las madres y más concretamente la de las madres que deben compaginar en situación de especial vulnerabilidad, la necesidad de trabajar y la obligación de cuidar a los hijos.

 

Todo apunta, por consiguiente, a que la unificación de situaciones diversas en un concepto único, cuya utilidad histórica ya se ha señalado, deba ser actualmente cuestionada, ante la diversidad de las trayectorias que conducen a la monoparentalidad y la diversidad de situaciones que afrontan las mujeres según si trabajan o no o cuentan ayudas en su hogar.

 

Bibliografía

 HOGARES MONOPARENTALES DE MUJERES

Dialnet-LasFamiliasMonoparentalesEnEspana-757737

LLuis

 

María José López Romero

Estudié Magisterio (Educación Especial) y hace tiempo que me dedico a las Terapias Asistidas con Perros y al entrenamiento de perros de asistencia, pero una persona no es sólo su profesión. Además soy madre, estudiante de inglés, amante del deporte, de una buena conversación, de un buen libro, de las fiestas con los amigos…

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